¿Cómo se motiva a los alumnos a involucrarse de lleno en su propio proceso de aprendizaje, participar en el aula y ser actores de su proceso de enseñanza aprendizaje?
Esteban Carvajal
En los tiempos modernos, en donde los cambios de la sociedad son tan grandes, las formas de enseñar y de aprender han encontrado su asidero en las tecnologías y en la inmediatez de la información. Cada vez más, los profesionales de la educación están entendiendo que la forma antigua de enseñar ya no surte tanto efecto en los nuevos estudiantes. Por ello, están optando por modelos constructivistas que promueven que los estudiantes sean actores centrales de sus proceso de enseñanza aprendizaje.
Pero, cuales son las claves para que los estudiantes se involucren? por un lado tenemos la clave de la motivación. La motivación es aquella fuerza que hace mover sociedades, moviliza grandes pensamientos y crea los mejores inventos. La motivación es el sentimiento de interés o entusiasmo que hace que alguien quiere hacer algo. Si trasladaramos esto a nuestros salones de clase, diriamos entonces que lo que un docente busca, es motivar a los estudiantes a que aprenda todo aquello que el o ella quiere transmitir.
Algunos teóricos proponen que la motivación para aprender se desarrolla como secuencia de la experiencia acumulada de un individuo con situaciones de aprendizaje. Es una red de puntos de vista, habilidades, valores y disposiciones que se desarrolla a través del tiempo. Algunos otros indican que el alumno debe tener su propia motivación intríseca para su propio aprendizaje.
La motivación, -y en este caso la motivación por aprender-, se puede adquirir, desarrollar, mantener o potenciar en función de elementos intrínsecos (dentro del individuo) y extrínsecos (fuera del individuo). En este sentido la motivación deviene de vías bidireccionales en donde el alumno debe tener la capacidad para motivarse así mismo, pero también el docente debe motivar, por tanto, éste último como figura guía, de orientación, de mediación debe de proveerle al alumno ese potencial. Pero ¿Cómo lo hace? Lo hace con un simple principio: con su propia motivación.
Un docente no puede motivar a sus alumnos sino está él o ella motivado o motivada. No puede transmitir el conocimiento, la curiosidad, las ganas, el deseo por una temática, si no se siente cómodo o afín a ella. Si un alumno tiene el potencial de motivación por aprender y es estimulado y “contagiado” por la motivación de su docente, esto se maximizará y será una onda expansiva que haga crecer el conocimiento de todas y todas.
La clave está entonces comenzar desde la base, desde nuestra función de docente, contagiando y permeando a esos alumnos con nuestra propia motivación y avidez por aprender. La onda expansiva alcanzará a los estudiantes y ellos activarán la motivación intríseca que llevan dentro gestionando así sus propios recursos motivaciones.
Otra clave a tomar en cuenta es propiciar en los estudiantes la capacidad que tiene ellos de construir y de ser protagonistas de su propio proceso. A través de actividades que propicien la participación activa del estudiante, investigando, escogiendo la forma de trasmitir a los compañeros y el profesor lo encontrado, se está facilitando que el estudiante tome el liderazgo y sea agente de conocimiento activo y protagónico.

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